Llantos
de una vida.
De
una vida efímera, sosiega, apagada.
De
las ruinas que cayeron en la exasperada noche.
De
las noches de tormenta con los ojos apilados en un mar ecuánime,
que
contemplan una vez más el peso del tiempo.
Que
suspiran entre cortados por no marcar a lágrimas,
el
recorrido del rostro.
Ellos
miran como perdidos buscando acaso una indicación.
Llantos
de vida que nos hicieron fuertes.
O
quizás…
O
quizás no.
Sospechas
de un por hacer incierto,
plasmado
de expectantes ojos vacios.
Sonrisas
forzadas de ardiente deseo,
a
veces cansadas de dar tanto anhelo.
Locura
paupérrima que se entremezcla en un sin sentido.
Latidos
forzosos que al sonar hacen daño,
cargan
el lastre del desengaño.
Llantos
de vida que recorren el cuerpo,
averiguando
sin vida una huida,
menoscabando
con éxito cada hueco.
Asimilando
a medias cada despojo,
estancando
en silencio cada enojo.
El
susurro del viento suena a menudo a despedidas,
cargadas
de historias, de memorias,
que
jamás volverán a ser vividas.
